lunes 16 de febrero de 2009

Asunción de tí

A Luz

I.
Quién hubiera creído que se hallaba
sola en el aire, oculta
tu mirada.
Quién hubiera creído esa terrible
ocasión de nacer puesta al alcance
de mi suerte y mis ojos,
y que tú y yo iríamos, despojados
de todo bien, de todo mal, de todo,
a aherrojarnos en el mismo silencio,
a inclinarnos sobre la misma fuente
para vernos y vernos
mutuamente espiados en el fondo,
temblando desde el agua,
descubriendo, pretendiendo alcanzar
quién eras tú detrás de esa cortina,
quién era yo detrás de mí.
Y todavía no hemos visto nada.
Espero que alguien venga, inexorable,
siempre temo y espero,
y acabe por nombrarnos en un signo,
por situarnos en alguna estación
por dejarnos allí, como dos gritos
de asombro.
Pero nunca será. Tú no eres ésa,
yo no soy ése, ésos, los que fuimos
antes de ser nosotros.

Eras sí pero ahora
suenas un poco a mí.
Era sí pero ahora
vengo un poco de ti.
No demasiado, solamente un toque,
acaso un leve rasgo familiar,
pero que fuerce a todos a abarcarnos
a ti y a mí cuando nos piensen solos.

II.
Hemos llegado al crepúsculo neutro
donde el día y la noche se funden y se igualan.
Nadie podrá olvidar este descanso.
Pasa sobre mis párpados el cielo fácil
a dejarme los ojos vacíos de ciudad.
No pienses ahora en el tiempo de agujas,
en el tiempo de pobres desesperaciones.
Ahora sólo existe el anhelo desnudo,
el sol que se desprende de sus nubes de llanto,
tu rostro que se interna noche adentro
hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.

III.
Puedes querer el alba
cuando ames.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
He observado intacto tu paisaje.
Lo dejaré en tus manos
cuando éstas lleguen, como siempre,
anunciándote.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú.
Aunque mi voz te espere
sola en su azar
quemando
y tu sueño sea eso y mucho más.
Puedes amar el alba
cuando quieras.
Mi soledad ha aprendido a ostentarte.
Esta noche, otra noche
tú estarás
y volverá a gemir el tiempo giratorio
y los labios dirán
esta paz ahora esta paz ahora.
Ahora puedes venir a reclamarte,
penetrar en tus sábanas de alegre angustia,
reconocer tu tibio corazón sin excusas,
los cuadros persuadidos,
saberte aquí.
Habrá para vivir cualquier huida
y el momento de la espuma y el sol
que aquí permanecieron.
Habrá que aprender otra piedad
y el momento del sueño y el amor
que aquí permanecieron.
Esta noche, otra noche
tú estarás
tibia estarás al alcance de mis ojos,
lejos ya de la ausencia que no nos pertenece.
He conservado intacto tu paisaje
pero no sé hasta dónde está intacto sin tí,
sin que tú le prometas horizontes de niebla,
sin que tú le reclames su ventana de arena.
Puedes querer el alba cuando ames.
Debes venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú,
aunque contigo traigas
dolor y otros milagros.
Aunque seas otro rostro
de tu cielo hacia mí.

Mario Benedetti

miércoles 4 de febrero de 2009

Diálogo de ruptura

(Para leer a dos voces,
imposiblemente por supuesto)

- No es tanto que ya no sepamos
- Sí, sobre todo eso, no encontrar
- Pero acaso lo hemos buscado desde el día en que
- Tal vez no, y sin embargo cada mañana que
- Puro engaño, llega el momento en que uno se mira como
- Quién sabe, yo todavía
- No basta con quererlo, si además no hay la prueba de
- Cierto, ahora cada uno exige una evidencia frente a
- Como si besarse fuera firmar un descargo, como si mirarse
- Debajo de la ropa yo no espera esa piel que
- No es lo peor, pienso a veces, hay lo otro, las palabras cuando
- O el silencio, que entonces valía como
- Sabíamos abrir la ventana apenas
- Y esa manera de dar vuelta la almohada buscando
- Como un lenguaje de perfumes húmedos que
- Gritabas y gritabas mientras yo
- Caíamos en una misma enceguecida avalancha hasta
- Yo esperaba escuchar eso que siempre
- Y jugar a dormirse entre nudos de sábanas y a veces
- Si habremos insultado entre caricias el despertador que
- Pero era dulce levantarse y competir por la
- Y el primero, empapado, dueño de la toalla seca
- El café y las tostadas, la lista de las compras, y eso
- Todo sigue lo mismo, se diría que
- Exactamente igual, sólo que en vez
- Como querer contar un sueño después que
- Pasar el lápiz sobre una silueta, repetir de memoria algo tan
- Sabiendo al mismo tiempo cómo
- Un poco más de mermelada y de
- Gracias, no tengo.

Julio Cortázar

martes 13 de enero de 2009

Hay cosas que no puedo controlar muy bien. Mis arranques de malhumor, el tono intelectual que se me suma a la voz cuando hablo de libros. La cara de pelotuda cuando veo a un bebé muy lindo. El 'lo hago después' cuando tengo que hacer algo -cualquier algo. Y la necesidad de escribir inmediatamente después de la sensación de letras en los dedos y en el medio de la lengua, atascadas en el pecho.

No sé bien decirte lo que vas a encontrar acá. A veces tengo ganas de hablar sobre cine, otras sobre cualquier cosa menos política. Capáz que encontras un cuento o una cita que hizo que se me pusiera la piel de gallina o simplemente un monólogo lleno de sentimientos que a nadie en realidad le importa.

Qué sé yo. Igual te digo bienvenido.